Enfilo mi calle con relativa prisa y determinación y accedo a las escaleras que me adentran al subsuelo y las entrañas de la ultima estación de la Linea 9.Ya a las 7:30 me veo en el interior de un túnel futurista, mamparas de vidrios transparentes que impiden acceder al las vías, hasta que llega el tren y se activan las puertas automáticamente a su parada exacta y coincidente con las puertas del mismo, luces blancas, mucho aluminio y gran gama de grises, estoy solo desde que entre en el Metro. Hoy he de hacerle compañía a mi madre en el hospital me toca el primer turno de un completo organigrama familiar. Todas unas novedosas, vanguardistas e innovadoras instalaciones para mi solo.Una voz neutra y fenmenina me recuerda que "los ascensores que terminan en los andenes son de uso preferente a personas con movilidad reducida", es la voz del “orden“ y la “conciencia” del Metro. Las pantallas me anuncian que mi próximo tren pasara dentro de 1:49 minutos, llega con 30 segundos de adelanto a la información ofrecida por la pantalla. Un tren tipo lanzadera, sin conducción, controlado a distancia por ordenadores y sistemas informatizados, pero se me advierte de que “miles de cámaras velan por mi seguridad” y confió que también por la seguridad del sistema.
Con los cascos puestos y aislado de este mundo de “MAQUINAS” en el que utilizo un Mp3 para desconectar y un ordenador para conectarme y escribir esto, intento recordar cuando todo hablaba de el futuro y yo solo era un niño, pero no consigo ver con certeza el momento exacto en que llego el futuro y se instalo en nuestros mundos cotidianos, esos casos en los que un ordenador te conecta con otro, en otro lugar, otra realidad y otro momento geográfico con otro horario físico, sin anunciarte. En ese futuro que ya es presente en el que los semáforos, los trenes, los ordenadores e incluso las neveras se comunican con otras maquinas. Poco a poco se van introduciendo en los vagones de el Metro distintos y nuevos pasajeros, los que regresan de la juerga del Sábado y los que empiezan su particular domingo de desplazamiento geográfico cercano. Ese futuro hace tiempo que ya es presente y me sorprende e inquieta que sea tan cotidiano y lo hayamos asimilado con tanta normalidad, que hoy en mi Domingo madrugador, me haya encontrado solo ante este presente de maquinas, me planteo la idea equivocada o no de que todo funciona solo.
Esta claro que en este mundo desarrollado “la vida moderna es nuestra condena” jejejee¡¡¡,
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